sábado, 13 de marzo de 2010

De Carlos Gaviria De reflexiones de la política - “La política y la ética andan divorciadas”

¿Política ética? ¿ética política? la ética en la política? política sin ética?

“No se está juzgando por lo que éticamente es correcto, sino por quién está haciendo algo para determinar el valor ético de esa acción”
(...)

Como una dicotomía eminentemente occidental y moderna calificó Gaviria el problema de que vaya por un lado la política y por el otro la ética, y para ejemplificar la ausencia de criterios éticos claros en el país citó una caricatura de Quino en la que un padre de familia para facilitar sus negocios reparte dinero a personas reconocidas de su sociedad, regresa a la casa sonriente por haber logrado sus propósitos, y más tarde, en la mesa del comedor, se ve indignado regañando a su hijo: “eso está mal, no se ponen los codos en la mesa”, le dice.

Con este ejemplo el ex congresista quiso hacer referencia al comportamiento superficial que se enseña a la sociedad para parecer bueno y que se hace lo correcto, una etiqueta que Gaviria denomina ‘etiquita’ o ‘ética falsa’, que remplaza el verdadero sentido de la ética y la guía de las convicciones en la convivencia y, sobre todo, en el servicio público. Mientras tanto, se piensa que hay de sobra materias o cursos de ética en las instituciones educativas, sabiendo que eso no es lo único necesario en la formación. Según recordó el conferencista “la ética hace parte de las cosas que no se dicen” y su enseñanza, así como la de la virtud, es transmisible no con sermones sino más bien con ejemplo: “la ética no se dice, se muestra” enfatizó en la exposición.

Su mejor profesor de ética en el colegio, contó, fue un profesor de trigonometría; no porque les hablara de lo bueno y lo malo, la razón era que nunca faltaba a clase, se esforzaba por prepararse y ser claro, era respetuoso con sus discípulos, “a uno le gustaba imitarlo”, dijo.

Finalmente expuso que la ética y la política se han distanciado porque se ha cedido a la sed de poder, pues el fin de hacer política se ha desplazado desde el servicio público a la ambición personal y personalista, en donde el compromiso ético con la verdad ya no existe, la política y la verdad se han divorciado convenientemente para ganar elecciones. “Si sus convicciones son un obstáculo para el triunfo, olvídelas”, citó Gaviria a un asesor político que le recomendó no hablar con ética para ganar, y luego afirmó que su impresión es que hoy está muy extendida la idea de que “el político que pretende ser veraz no tendrá éxito”.