viernes, 6 de agosto de 2010

Ni altares ni violencia

Viernes, 06 de Agosto de 2010 00:00

Autor: GLORIA ARIAS NIETO

Ya se han escrito y pronunciado suficientes agradecimientos y cuentas de cobro, repasos, alabanzas y reproches, así es que evitaré otro balance sobre los cuatrienios que terminan. Por mi parte, punto aparte.

Nos corresponde ahora mirar para adelante, y construir sobre una herencia compleja de administrar. Ocho, doscientos o mil años acumulados, han hecho de Colombia el país que es hoy, tal como lo vemos y lo palpamos en la cotidianidad de nuestras vidas; sobre él, con él y para él, hay que gobernar, edificar, sanar, invertir, educar…comprender.

Buenas, malas o regulares, el nuevo Presidente tiene claras sus prioridades, y a partir de mañana, tendrá que movilizar inteligencia, conocimiento, tiempo y presupuesto, para cumplirlas a cabalidad. 

Para eso, nueve millones de personas le dijeron en las urnas que confían en él; y por eso, quienes votamos por otras propuestas, tenemos la obligación de apoyar lo que en justicia y sin pasiones mezquinas merezca ser apoyado, y hacer una oposición firme, a conciencia y veraz, cuando creamos que las cosas van por un rumbo equivocado.

No sé qué pasaría si que quienes no elegimos a Juan Manuel Santos fuéramos capaces de mirarlo desprevenidamente, y sin memoria, ni back-up ni reproches, concentrarnos en lo que pase a partir de mañana. Algo así podría ser parcialmente útil con el futuro y bastante injusto con el pasado. 

Uno es uno, y lo que ha hecho, lo que ha omitido, permitido y provocado. Eso ya forma parte de la piel, de la historia y las moléculas, y tapar el sol o los ojos, no hará que desaparezca. Pero tampoco sería sano que el pasado jugara el papel de una roca sórdida y agotadora. Quizá, lograr una mirada equilibrada, sea el primer reto de la oposición.

Mañana Juan Manuel Santos vestirá la banda presidencial, y nosotros nos vestiremos de obreros, pensadores, críticos, artífices, polémicos…Vistámonos de lo que cada quien prefiera, pero vistámonos de algo. Que no haya un solo colombiano ajeno al devenir social y político de nuestro país. Descrucemos los brazos y decretemos antiética la indiferencia, la apatía y la inercia.

Que cada ladrillo que pongamos o cada palabra que escribamos le apunte a mejorar siquiera un centímetro de Colombia; que seamos capaces de exigir y exigirnos honestidad; de consolidar la capacidad de logro, y la facultad de reconocer cuando estamos equivocados.

Tal vez debamos empezar por llamar las cosas por su nombre: conflicto es conflicto, inequidad es inequidad y pobreza es pobreza. Lo primero que una sociedad debe hacer para curarse sus males, es aceptar que existen y darles su justa dimensión. Nuestra guerra, nuestras violaciones a los derechos humanos, nuestra gente con hambre, no son un invento de las ONG, ni el tercer tomo de Los Miserables. Esperemos que eso esté claro en la conciencia del nuevo gobierno, y en el actuar de la sociedad civil.

Terminada la era de la idolatría, ojalá hayamos aprendido que endiosar a los hombres atenta contra la esencia de la democracia. Y bueno… al nuevo Presidente, hacerle oposición o compañía; con altura, sin violencia, sin altares ni mentiras.

Nota Editorial de Gloria Arias publicada en El Nuevo Siglo. Ubicación original clic aquí