martes, 31 de agosto de 2010

Astronauta... tu camino de amor revolucionario es la senda que nos legaste en este espacio

Nunca se sabe cuándo sucederá... 

Nunca se sabe cómo se reaccionará... 

Lo único seguro es que a tod@s nos pasará... tarde o temprano dejaremos de estar aquí... en este espacio, en este tiempo, en nuestro cotidiano, con nuestr@s cotidianos... 

Sin embargo en realidad muy pocos seres, de este tiempo y este espacio, tendrán el lujo de tener tan claro el lugar a donde pasarán después de dejarnos. Muy poc@s, unas cuantas personas... un número muy reducido de seres humanos podrá dejar este tiempo y este espacio con la certeza de ser habitantes de un espacio infinito, de un tiempo infinito... poc@s entenderán que la estancia en el Planeta Tierra fue solo una fase de un camino interminable de legados para quienes estuvieron con ell@s y quienes vienen después. En verdad, muy poc@s podrán además ser los causantes de esos aleteos de mariposa en los corazones de l@s otr@s que les invitan a transformar el mundo y lo mejor es que poc@s lograrán que l@s demás les reconozcan como inmortales. 

Tú solo tomaste el tiquete que tenías guardado entre el bolsillo escondido bajo los lápices con los que fuíste forjando la senda que nos ibas a dejar. Sabías que esta estación solo duraría un corto tiempo. Por eso te encargaste de hacerla intensa... de llenarla de palabras... de desbordarla con creatividad. Por eso no tuviste reparo en condensar tanto amor en la familia Niño Morales que a la larga generó una explosión increible que irradió el mundo entero. 

No te quedaste con nada... llenaste de vida, junto con Irene, un espacio sin límites, donde Alejandra, Santiago y Paula fueron quienes primero disfrutaron... pero lograste que entre l@s cinco el amor se desbordara desde la casita del Valle de Tenjo y recorriera las calles que junt@s caminaron y alcanzó no solo a sus hijas e hijos adoptivos... sino a un mundo de entero de ojos, oidos, corazones, alas, hadas, duendes, espíritus y colibríes que se llenaron con la luz que irradiaste, con el amor que irradiaron, con la sabiduría de la capacidad de asombro, con la felicidad de vivir sin deberle al poder, con la tranquilidad de ser coherentes, con la grandeza que solo da el vivir con plenitud cada instante maravilloso de la existencia. 

Astronauta... mi homenaje no cesará. 


Como dijo Natalia de la Vega, una buena amiga, a partir de ahora tengo dos vidas que celebrar el día de mi cumpleaños. De aquí en adelante contaré con orgullo un año más de existencia en esta estación y celebraré porque en el día de mi cumpleaños tú decidiste tomar el tiquete que estaba en tu bolsillo. Celebraré porque el legado más hemoso lo dejaste en esta estación con tu vida y la de tu familia, y gracias a un oportuno llamado de un amigo, José Luis Peñarredonda, logré estar contigo y llenarme de la sabiduria de tu GRAN familia mientras empacabas el amor de esta estación como equipaje para continuar tu viaje. 

Jairo Anibal, tu legado se quedó con nosotras. En mi hija, Paula, y en mi, en mi casa en donde esté, tu revolución de la felicidad y el amor no solo estará presente sino será el compromiso de todos los días. 

Jairo Anibal Niño, Maestro, padre, abuelo, amigo, hermano, astronauta colombiano... te encargarás de mi corazón como siempre. ¿Me cuentas en qué galaxia vas? 

domingo, 8 de agosto de 2010

¿La hora del olvido? ... Democracia...

¿Cuándo se habrá regenerado la democracia colombiana? El día en que el Salto del Tequendama huela a agua y a musgo; el día en que el río Bogotá no sea el retrato secreto de nuestro orden urbano; el día en que el río Magdalena no esté envenenado con mercurio y no haga nacer niños con el paladar hendido; el día en que cuatro millones de campesinos que hoy piden limosna en los semáforos, o en las ventanillas de Acción Social, sean protagonistas verdaderos de nuestra historia; el día en que veinticinco millones de pobres absolutos que tiene Colombia sean cincuenta millones de manos produciendo y consumiendo, y millones de cerebros aportando su inteligencia a este país donde todavía la cuna decide desde el primer día si uno será sicario o presidente: Columna completa de William Ospina 

Recuerdo que mi hermano, algo tomado, antes de la primera vuelta presidencial me preguntó: ¿Cristina y si Mockus no gana usted seguirá creyendo en la democracia? - Si - no dudé en contestar. 

Hoy me pregunto lo mismo, un día después de que uno de los de siempre asume el poder como Presidente y respondo si. Tanto la democracia como mi país no le pertenece a las familias que siempre han mantenido el poder en Colombia... el siempre llegó hasta donde encontramos las herramientas que nos permiten comunicarnos y organizarnos sin pasar por su filtros. Hoy no son ellos los dueños de los medios... somos nosotr@s. Yo sigo creyendo en la democracia, pero para que la democracia no sea la que no cree en nosotr@s, yo me comprometo a ser una alfabetizadora digital de la democracia. 

El camino apenas lo estamos comenzando. Celebramos el bicentenario de nuestro nacimiento como República para darnos cuenta que tenemos que independizarnos por fin como seres humanos.

viernes, 6 de agosto de 2010

Ni altares ni violencia

Viernes, 06 de Agosto de 2010 00:00

Autor: GLORIA ARIAS NIETO

Ya se han escrito y pronunciado suficientes agradecimientos y cuentas de cobro, repasos, alabanzas y reproches, así es que evitaré otro balance sobre los cuatrienios que terminan. Por mi parte, punto aparte.

Nos corresponde ahora mirar para adelante, y construir sobre una herencia compleja de administrar. Ocho, doscientos o mil años acumulados, han hecho de Colombia el país que es hoy, tal como lo vemos y lo palpamos en la cotidianidad de nuestras vidas; sobre él, con él y para él, hay que gobernar, edificar, sanar, invertir, educar…comprender.

Buenas, malas o regulares, el nuevo Presidente tiene claras sus prioridades, y a partir de mañana, tendrá que movilizar inteligencia, conocimiento, tiempo y presupuesto, para cumplirlas a cabalidad. 

Para eso, nueve millones de personas le dijeron en las urnas que confían en él; y por eso, quienes votamos por otras propuestas, tenemos la obligación de apoyar lo que en justicia y sin pasiones mezquinas merezca ser apoyado, y hacer una oposición firme, a conciencia y veraz, cuando creamos que las cosas van por un rumbo equivocado.

No sé qué pasaría si que quienes no elegimos a Juan Manuel Santos fuéramos capaces de mirarlo desprevenidamente, y sin memoria, ni back-up ni reproches, concentrarnos en lo que pase a partir de mañana. Algo así podría ser parcialmente útil con el futuro y bastante injusto con el pasado. 

Uno es uno, y lo que ha hecho, lo que ha omitido, permitido y provocado. Eso ya forma parte de la piel, de la historia y las moléculas, y tapar el sol o los ojos, no hará que desaparezca. Pero tampoco sería sano que el pasado jugara el papel de una roca sórdida y agotadora. Quizá, lograr una mirada equilibrada, sea el primer reto de la oposición.

Mañana Juan Manuel Santos vestirá la banda presidencial, y nosotros nos vestiremos de obreros, pensadores, críticos, artífices, polémicos…Vistámonos de lo que cada quien prefiera, pero vistámonos de algo. Que no haya un solo colombiano ajeno al devenir social y político de nuestro país. Descrucemos los brazos y decretemos antiética la indiferencia, la apatía y la inercia.

Que cada ladrillo que pongamos o cada palabra que escribamos le apunte a mejorar siquiera un centímetro de Colombia; que seamos capaces de exigir y exigirnos honestidad; de consolidar la capacidad de logro, y la facultad de reconocer cuando estamos equivocados.

Tal vez debamos empezar por llamar las cosas por su nombre: conflicto es conflicto, inequidad es inequidad y pobreza es pobreza. Lo primero que una sociedad debe hacer para curarse sus males, es aceptar que existen y darles su justa dimensión. Nuestra guerra, nuestras violaciones a los derechos humanos, nuestra gente con hambre, no son un invento de las ONG, ni el tercer tomo de Los Miserables. Esperemos que eso esté claro en la conciencia del nuevo gobierno, y en el actuar de la sociedad civil.

Terminada la era de la idolatría, ojalá hayamos aprendido que endiosar a los hombres atenta contra la esencia de la democracia. Y bueno… al nuevo Presidente, hacerle oposición o compañía; con altura, sin violencia, sin altares ni mentiras.

Nota Editorial de Gloria Arias publicada en El Nuevo Siglo. Ubicación original clic aquí